Porque escribir lo que algunas
veces no se puede decir, por cualquier motivo, ayuda. O eso dicen. Yo lo voy a hacer, por
intentarlo…
A ti, que nunca tuve la
oportunidad de serte sincera. Y digo nunca porque en su momento no lo hice y,
ahora o en un futuro, creo que tampoco lo haré. Porque de mi boca nunca salieron
palabras relacionadas con sentimientos. Ni de la tuya tampoco. Nunca.
Quizás era un juego. Lo que fuese
que hiciésemos. Un juego en el que yo me hacía la dura, la que tenía las cosas
claras y a la que necesitaba que halagasen. Y tú, el concursante auténtico,
el que iba a lo que iba, a jugar. Con estrategia, claro. La estrategia de tener
el tiempo ocupado y, porque al fin y al cabo, a ti también te gustaba que te halagasen. Bueno te gustaba no, te gusta. Nos utilizamos. Lo que aquí quien no
se leyó el manual de instrucciones fui yo.
Siendo sinceros y sin metáforas.
Me pillaste en un momento de bajón. Quizás en un bajo estado anímico. En el que
necesitaba algún refuerzo externo de admiración. Vamos, un puto piropo. Y no
aquel que viene de amigos de siempre o de familiares, sino, de alguien ajeno a
la rutina de siempre. Y ahí, justamente, estabas tú. No creo en el destino,
simplemente estabas ahí y mi foco de atención, que en ese momento buscaba eso más que
otra cosa, se centró en tu terrible maravillosa labia.
Y así acabamos. A mí que
me encantaba oírte, ¿y a ti? Que te oyeran.
Aún conociéndote desde hace años y
sabiendo de primera mano todas tus técnicas de caza y pesca. Caí. Aún me sigo
preguntando por qué y me sigo diciendo que qué idiota fui
¿Qué fue lo que me hizo pensar
que yo sería la indicada? ¿Qué me hizo crearme esa esperanza? Esa esperanza que
tenemos todas las que caemos en tus redes y trampas. La esperanza de cambiarte,
de ser con la que te quedas. Con la que te quedas de verdad ¡Qué ingenua! Y aún
sabiendo lo que le pasaba a todas esas pobres presas, caí. Aún sabiendo lo que
se me podía avecinar, caí. Y, aún utilizando las mismas frases, coletillas, etc.,
que utilizabas con todas ¡qué me las sabía de memoria! Me hundí. Y joder si me
hundí.
Yo te quería. Y digo quería
porque voy a intentar evitar hablar en presente en cuanto a sentimientos hacía
ti me refiera. Por tanto, sí, te quería. Quizás eras muy típico y predecible con
todas, pero quería algo típico y predecible para mí. Por eso, repito, te quería.
Te quería a ti.
Aún me duele cuando lo recuerdo y eso que han pasado años. Sé que en algún momento te recordaré, o te veré, y ya no me
dolerá. Llegará el momento en el que te recuerde como aquel buen amigo de Instituto, aquel buen compañero con el que, aún solo haciendo bromas y diciendo
tonterías me lo pasaba bien. Porque hasta mucho antes del tropiezo, siempre me
hacías reír. Olvidar lo malo y centrarnos en gilipolleces para abstenernos de
la realidad.
Algunos dicen que siempre he
tenido sentimientos hacía ti, lo que los he negado toda la vida. Puede
ser. Lo que como antes no te fijabas en mí me obligaba en pensar que éramos
buenos amigos, pero no sé, otros chicos que han pasado por mi vida tampoco se
han fijado en mí y no me he enamorado de ellos. Y sí, he dicho enamorar. Eso que me costó tiempo aceptar. Busco en un
chico que, sobre todo, me haga reír. Y tú siempre lo conseguías. Al igual que,
cuando te tenías que poner serio, lo hacías. En esa etapa podría no verte con
esos ojos, éramos adolescentes intranscendentes e incongruentes. Tampoco tú me veías como luego decías verme. Así que, era
algo recíproco. Como lo que con los años ocurrió.
Quizás ahora yo pensando, tú
tampoco tengas toda la responsabilidad. Jugabas tú papel, el de siempre, al fin
y al cabo. "Transparencia total". La turbia, quizás era yo ¿no?
Pero, aún así, quería más. Te
escuchaba al hablar, me preocupaba por ti, de verdad, con total sinceridad. En
cambio, tú no. Tú solo lo hacías por querer algo a cambio.
Este es mi punto de vista. Me
jodí yo misma interpretando tus actos y lo que salía de tu boca. Es paradójico
como al principio, cuando empecé a escribir, parecía que te echase la "culpa" a
ti. Pero, sinceramente, me parece injusto hacerlo. Al fin y al cabo, dos no
follan si uno no quiere y más o menos esto va por esa misma línea.
Quizás la excusa es que no te merezco, ni tú a
mi tampoco.
Espero que aquella persona que esté a tu lado sea segura y tenga las
cosas claras, lo contrario a mí. Igual que aquella persona que quiera estar
conmigo, que me merezca, sea sincera y deje las cosas, los límites, claros.
¿Sabes lo que más me duele de
todo? Haberte perdido como amigo. Y esto, si es algo que salió de
ti. Tú, que cuando te enamoras te olvidas del mundo. Tú, que solo vives para
esa persona. Tú, que a fin de todo, eres dependiente. Si no estás con alguien o
no tienes a alguien "a tu lado" te cuesta seguir adelante, aunque te cueste admitirlo. Tú,
que a costa de poder tener a alguien a tu lado, eres ajeno al daño que puedes
hacer a terceras personas. Y digo terceras porque en este campo no juegas
limpio, tú eres lo contrario al refrán de “más vale pájaro en mano que ciento
volando” Prefieres tener a cientos, que a uno.
Y quizás la excusa es que no me merezcas. Yo quiero a alguien para la cual sea su primera opción, no un repuesto. Que sea su plan A, no su B, e incluso su Z.
Aunque, para "disculparte" un poco. Esto lo haces, porque en el fondo, como
todo el mundo, lo único que quieres es encontrar a la persona adecuada. Así que
mientras te llegaba esa persona, yo, como otras tantas, fuimos entretenimiento. Un juego.
Y ya, para ir acabando. Al final, creo que no somos tan
distintos. O sí. No lo sé.
Ambos nos utilizábamos, con distintos objetivos,
pero nos utilizábamos. Porque no teníamos a alguien más. Porque estábamos
solos. Y aún sabiendo el daño que me hacías, o el daño que me hacia estar
contigo, estaba. Lo daba todo por estar a tu lado. Porque cuando no estabas y
no hablabas mi mundo se desvanecía. O eso parecía. Como ahora.
Aunque hayan pasado años esa
sensación sigue estando. Esa frase de “y qué hubiese pasado si…” o “y si
hubiese hecho…”. Sé que ya es hora de pasar página, porque obviamente, tú ya la
has pasado. Bueno, pasado no. Tú lo que has hecho es cambiar de libro. Para ti
soy como aquel libro leído que se acaba colocando en la estantería, del que ya
se sabe la historia. Al cual solo se acude en caso de querer recordar algo de
algún personaje, o recordar más bien el final. O el comienzo. Porque los nudos
no interesan. Solo nos gusta recordar los inicios o los desenlaces.
Pues eso, lo que te iba diciendo,
tenía ganas de hacer esto. Lo necesitaba. Aunque no te tenga enfrente para ver
tu cara, tu postura, tu reacción y tu opinión, me lo he imaginado. Tantas veces
dándole vueltas al mismo tema, a la misma historia. Tanto tiempo sintiendo ese
nudo en el estómago. Esa sensación de ahogo y de que me faltaba algo. Me faltaba dejar las
cosas claras. Darle vueltas yo misma, en la cabeza, y buscar soluciones no
parecía lo adecuado. A veces, me imaginaba tus respuestas y no sé si más daño
me hacía o más loca me estaba volviendo. Por eso, al final, me decidí por escribir lo que te
diría si te tenía de frente para de una vez desahogarme. Me ha ayudado, lo que dicen es
verdad. A veces escribir lo que no puedes decir, ayuda.
Mientras escribía
pensaba en ti, y no tanto en mí. Y por fin he dado en el clavo o, con parte del
clavo. Es hora de pasar la página que tantas marcas de mis dedos tiene de
todas las veces que lo he pensado e intentado hacer, para finalmente apartarlo
y no hacerlo.
Quizás "mi cuenta pendiente" para olvidarme de
esto es llegar a verte alguna vez, encontrarme contigo en algún lugar. Y ver qué pasaría,
cómo reaccionaría. Y pido, que el día que te vea estés con ella, me la
presentes, para ver qué dices, de qué hablaríamos. Porque mi rencor hacia ti se
ha esfumado. Aunque en el fondo rencor nunca te he guardado. Y digo nunca
porque siempre te he querido. El rencor en esta historia me lo he tenido a mí
misma, por negar lo innegable. Porque al final, tú no me has hecho daño. Me lo
he hecho a mí misma por interpretar, por tener esperanzas, por soñar. Por
esperar algo de la gente. Y la gente, a fin de cuentas, siempre
decepciona.
Y mi decepción es creer que me merecías, que yo te merecía y que
sería esa que te cambiaría. Y no lo fui. Al revés, tú me has cambiado a mí. En
un tiempo a peor, pero ahora, creo que a mejor. Dicen que de los errores se
aprende y se gana experiencia. Y querer llegar a más fue mi error. Aprendamos de la experiencia ¿no? Porque, en definitiva, todo esto ya es pasado.
Y si nos volvemos a ver
limitémonos a saludar, hablar y reír, mientras tomamos un café.
O un nestea.


