jueves, 1 de octubre de 2015

#Superalo

Porque escribir lo que algunas veces no se puede decir, por cualquier motivo, ayuda. O eso dicen. Yo lo voy a hacer, por intentarlo…

A ti, que nunca tuve la oportunidad de serte sincera. Y digo nunca porque en su momento no lo hice y, ahora o en un futuro, creo que tampoco lo haré. Porque de mi boca nunca salieron palabras relacionadas con sentimientos. Ni de la tuya tampoco. Nunca.

Quizás era un juego. Lo que fuese que hiciésemos. Un juego en el que yo me hacía la dura, la que tenía las cosas claras y a la que necesitaba que halagasen. Y tú, el concursante auténtico, el que iba a lo que iba, a jugar. Con estrategia, claro. La estrategia de tener el tiempo ocupado y, porque al fin y al cabo, a ti también te gustaba que te halagasen. Bueno te gustaba no, te gusta. Nos utilizamos. Lo que aquí quien no se leyó el manual de instrucciones fui yo.

Siendo sinceros y sin metáforas. Me pillaste en un momento de bajón. Quizás en un bajo estado anímico. En el que necesitaba algún refuerzo externo de admiración. Vamos, un puto piropo. Y no aquel que viene de amigos de siempre o de familiares, sino, de alguien ajeno a la rutina de siempre. Y ahí, justamente, estabas tú. No creo en el destino, simplemente estabas ahí y mi foco de atención, que en ese momento buscaba eso más que otra cosa, se centró en tu terrible maravillosa labia. 

Y así acabamos. A mí que me encantaba oírte, ¿y a ti? Que te oyeran. 



Aún conociéndote desde hace años y sabiendo de primera mano todas tus técnicas de caza y pesca. Caí. Aún me sigo preguntando por qué y me sigo diciendo que qué idiota fui
¿Qué fue lo que me hizo pensar que yo sería la indicada? ¿Qué me hizo crearme esa esperanza? Esa esperanza que tenemos todas las que caemos en tus redes y trampas. La esperanza de cambiarte, de ser con la que te quedas. Con la que te quedas de verdad ¡Qué ingenua! Y aún sabiendo lo que le pasaba a todas esas pobres presas, caí. Aún sabiendo lo que se me podía avecinar, caí. Y, aún utilizando las mismas frases, coletillas, etc., que utilizabas con todas ¡qué me las sabía de memoria! Me hundí. Y joder si me hundí.

Yo te quería. Y digo quería porque voy a intentar evitar hablar en presente en cuanto a sentimientos hacía ti me refiera. Por tanto, sí, te quería. Quizás eras muy típico y predecible con todas, pero quería algo típico y predecible para mí. Por eso, repito, te quería. 
Te quería a ti.

Aún me duele cuando lo recuerdo y eso que han pasado años. Sé que en algún momento te recordaré, o te veré, y ya no me dolerá. Llegará el momento en el que te recuerde como aquel buen amigo de Instituto, aquel buen compañero con el que, aún solo haciendo bromas y diciendo tonterías me lo pasaba bien. Porque hasta mucho antes del tropiezo, siempre me hacías reír. Olvidar lo malo y centrarnos en gilipolleces para abstenernos de la realidad.

Algunos dicen que siempre he tenido sentimientos hacía ti, lo que los he negado toda la vida. Puede ser. Lo que como antes no te fijabas en mí me obligaba en pensar que éramos buenos amigos, pero no sé, otros chicos que han pasado por mi vida tampoco se han fijado en mí y no me he enamorado de ellos. Y sí, he dicho enamorarEso que me costó tiempo aceptar. Busco en un chico que, sobre todo, me haga reír. Y tú siempre lo conseguías. Al igual que, cuando te tenías que poner serio, lo hacías. En esa etapa podría no verte con esos ojos, éramos adolescentes intranscendentes e incongruentes. Tampoco tú me veías como luego decías verme. Así que, era algo recíproco. Como lo que con los años ocurrió. 

Quizás ahora yo pensando, tú tampoco tengas toda la responsabilidad. Jugabas tú papel, el de siempre, al fin y al cabo. "Transparencia total". La turbia, quizás era yo ¿no?
Pero, aún así, quería más. Te escuchaba al hablar, me preocupaba por ti, de verdad, con total sinceridad. En cambio, tú no. Tú solo lo hacías por querer algo a cambio.  

Este es mi punto de vista. Me jodí yo misma interpretando tus actos y lo que salía de tu boca. Es paradójico como al principio, cuando empecé a escribir, parecía que te echase la "culpa" a ti. Pero, sinceramente, me parece injusto hacerlo. Al fin y al cabo, dos no follan si uno no quiere y más o menos esto va por esa misma línea. 
Quizás la excusa es que no te merezco, ni tú a mi tampoco. 

Espero que aquella persona que esté a tu lado sea segura y tenga las cosas claras, lo contrario a mí. Igual que aquella persona que quiera estar conmigo, que me merezca, sea sincera y deje las cosas, los límites, claros.

¿Sabes lo que más me duele de todo? Haberte perdido como amigo. Y esto, si es algo que salió de ti. Tú, que cuando te enamoras te olvidas del mundo. Tú, que solo vives para esa persona. Tú, que a fin de todo, eres dependiente. Si no estás con alguien o no tienes a alguien "a tu lado" te cuesta seguir adelante, aunque te cueste admitirlo. Tú, que a costa de poder tener a alguien a tu lado, eres ajeno al daño que puedes hacer a terceras personas. Y digo terceras porque en este campo no juegas limpio, tú eres lo contrario al refrán de “más vale pájaro en mano que ciento volando” Prefieres tener a cientos, que a uno. 
Y quizás la excusa es que no me merezcas. Yo quiero a alguien para la cual sea su primera opción, no un repuesto. Que sea su plan A, no su B, e incluso su Z. 

Aunque, para "disculparte" un poco. Esto lo haces, porque en el fondo, como todo el mundo, lo único que quieres es encontrar a la persona adecuada. Así que mientras te llegaba esa persona, yo, como otras tantas, fuimos entretenimiento. Un juego. 



Y ya, para ir acabando. Al final, creo que no somos tan distintos. O sí. No lo sé. 
Ambos nos utilizábamos, con distintos objetivos, pero nos utilizábamos. Porque no teníamos a alguien más. Porque estábamos solos. Y aún sabiendo el daño que me hacías, o el daño que me hacia estar contigo, estaba. Lo daba todo por estar a tu lado. Porque cuando no estabas y no hablabas mi mundo se desvanecía. O eso parecía. Como ahora.

Aunque hayan pasado años esa sensación sigue estando. Esa frase de “y qué hubiese pasado si…” o “y si hubiese hecho…”. Sé que ya es hora de pasar página, porque obviamente, tú ya la has pasado. Bueno, pasado no. Tú lo que has hecho es cambiar de libro. Para ti soy como aquel libro leído que se acaba colocando en la estantería, del que ya se sabe la historia. Al cual solo se acude en caso de querer recordar algo de algún personaje, o recordar más bien el final. O el comienzo. Porque los nudos no interesan. Solo nos gusta recordar los inicios o los desenlaces.

Pues eso, lo que te iba diciendo, tenía ganas de hacer esto. Lo necesitaba. Aunque no te tenga enfrente para ver tu cara, tu postura, tu reacción y tu opinión, me lo he imaginado. Tantas veces dándole vueltas al mismo tema, a la misma historia. Tanto tiempo sintiendo ese nudo en el estómago. Esa sensación de ahogo y de que me faltaba algo. Me faltaba dejar las cosas claras. Darle vueltas yo misma, en la cabeza, y buscar soluciones no parecía lo adecuado. A veces, me imaginaba tus respuestas y no sé si más daño me hacía o más loca me estaba volviendo. Por eso, al final, me decidí por escribir lo que te diría si te tenía de frente para de una vez desahogarme. Me ha ayudado, lo que dicen es verdad. A veces escribir lo que no puedes decir, ayuda. 

Mientras escribía pensaba en ti, y no tanto en mí. Y por fin he dado en el clavo o, con parte del clavo. Es hora de pasar la página que tantas marcas de mis dedos tiene de todas las veces que lo he pensado e intentado hacer, para finalmente apartarlo y no hacerlo.

Quizás "mi cuenta pendiente" para olvidarme de esto es llegar a verte alguna vez, encontrarme contigo en algún lugar. Y ver qué pasaría, cómo reaccionaría. Y pido, que el día que te vea estés con ella, me la presentes, para ver qué dices, de qué hablaríamos. Porque mi rencor hacia ti se ha esfumado. Aunque en el fondo rencor nunca te he guardado. Y digo nunca porque siempre te he querido. El rencor en esta historia me lo he tenido a mí misma, por negar lo innegable. Porque al final, tú no me has hecho daño. Me lo he hecho a mí misma por interpretar, por tener esperanzas, por soñar. Por esperar algo de la gente. Y  la gente, a fin de cuentas, siempre decepciona. 
Y mi decepción es creer que me merecías, que yo te merecía y que sería esa que te cambiaría. Y no lo fui. Al revés, tú me has cambiado a mí. En un tiempo a peor, pero ahora, creo que a mejor. Dicen que de los errores se aprende y se gana experiencia. Y querer llegar a más fue mi error. Aprendamos de la experiencia ¿no? Porque, en definitiva, todo esto ya es pasado.

Y si nos volvemos a ver limitémonos a saludar, hablar y reír, mientras tomamos un café. 


O un nestea.